ENTREVISTA CON LA CABRA

Víctor J. Montero, alias Vicente H., el tirititero.
ABSTRACT
El siguiente relato es un trabajo de campo de la asignatura Etnomusicología y Pandereta que hice estudiando en la Universidad de Salamanca cuando aún era alumno del doctorado de Artistociencias e Historietas de  Música Rústica, ‘Nuevos horizontes del folclore iluso-hispano’. Se trata de un conjunto de grabaciones que pude realizar en la Sierra de Gredos de Ávila y a un pastor de la Sierra de la Culebra (Zamora) a propósito de profundizar en el tema de la música popular urbana, folclórica, y las retro transmisiones que van del pueblo a la urbe y de la urbe al pueblo en la era analógica, cuando Internet era para si-baritas, friquis informáticos, y los teléfonos móviles no eran planos y servían, sobre-todo, para hacer llamadas telefónicas a cobro revertido.
Next story is a typical country-work for the subject Etnomusicología & Pandereta what I does studing into University of Salamanca when I was a children, like doctoranding of the master Art & Sciencies & little Histories of Rustic-Music  , ‘News horizonts folklor’s spanish imagination’. The topic is a set recorders what I was make in The Gredos’s Saw in Ávila, and around an original pastor of the Snake’s Clozed (Zamora) four go at abysm in the topics and rules like popular music, folk music, and the typical bidirectional feedback country-ville vs metropolitan urban in analogic period of time, when Internet was for B-varites, informatics frikys, and the mobile phones don’t were plains and this were used, on-all, for speaking without paying.

Ávila, Puerto del Pico, 10 de Marzo de 2003.
Después de varias jornadas de infructuoso trabajo ya me dirigía de vuelta a Salamanca cuando sobre un peñasco del puerto del Pico reposaba en actitud mayestática la figura de una cabra. Pude detener el coche en un descansillo destinado a los viajeros que, aunque estaba del otro lado, me sirvió para decirle que me esperara, que tenía que hacerle unas preguntas. Aquel descanso tiene una fuente que suele estar operativa y es un lugar idílico desde el que se contempla la calzada romana, a la vez que los riscos y los peñuscos de esa fascinante zona gobernada por el esplendor de la naturaleza misma, los rayos de sol (cuando hay sol), y el cielo gris, la niebla o la nieve… en otras épocas del año.
-¿No serás tú la cabra?
- Bhé, me contestó, en dialecto cerrado.
-Te estaba buscando. Alguien me dijo que te movías por aquí y quería hacerte una entrevista.
-Ya no hago exclusivas… me contestó.
-Y eso, si tú eres la más grande de las artistas de la farándula desde Asturias-Algeciras a Estambul…
-¡Menos lobos!, que por aquí también los hay. ¿Por qué quieres hacerme una entrevista? ¿Para qué revista es?
-No trabajo para ninguna revista, se trata de un pequeño trabajo de recopilación folclórica que estoy haciendo para la Universidad.
-Bueno ya,… es que estoy aquí apartada de los focos porque me cansé del mundillo, así que no tengo muchas ganas de hablar, ¿hay dinero?
- No, ninguno (¡joder con la cabra!). Yo tampoco gano nada… ni siquiera tengo beca, lo hacía por considerarla, ya que muchas veces se habla de los grandes genios, pero se nos olvidan las manifestaciones culturales más importantes, como su número.
-Hombre, me agrada que digas ‘mi número’ porque lo inventé yo,… me estás cayendo bien. ¿Te parece bien que beba un poco de agua y seguimos hablando?
-¡Cómo no!
En aquel momento supe cómo ganarme la confianza del animal, nos acomodamos en un banco, ella se sentó a dos patas, me pidió un cigarrillo, y mientras ella encendía el cigarro yo activé el minidisk para grabar la conversación…
-¿Me vas a grabar?
-Sí, es lo más cómodo
-Ya… es que esto de la tecnología para mí es de otra era, todo ha cambiado mucho desde que yo empecé.
-Soy todo oídos.
-Cuando yo era una cabrita siempre fui muy idealista, estaba pensando continuamente en sueños avanzados para mi edad, soñaba con ir a la urbe, triunfar,…, pero tenía una tía legionaria que ganaba mucho dinero en África y era muy disciplinada. Los veranos que venía a las fiestas del pueblo siempre me quería reclutar y decía “cuando seas mayor me vas a relevar del cargo”, a lo que mi madre no estaba para nada en desacuerdo. Eran tiempos en los que cuando te contaban cosas del extranjero te lo tenías que imaginar, no había fotos, ni nada por el estilo, el caso es que un día a mi tía se le fue la lengua y empezó a decir que allí todo era desierto, que ganaba mucho dinero, pero que no lo podría gastar y que conocía a muchos altos cargos del ejército, pero nunca se había sentado aún a comer en la misma mesa. Yo pensé, para qué voy a ir tan lejos a pasar calor, si a mí lo que me gusta es el frío, que para eso tengo pelo en todo el cuerpo, no sé si me entiendes… yo no soy clasista, pero tampoco me gusta que lo sean conmigo, que si el jefismo, las clases sociales, las clases animales…
-Creo que sí, a ese respecto… entonces ¿qué fue lo que te llevó al mundo del espectáculo?
-Va todo seguido, tiene relación con lo anterior porque poco a poco mi tía dejó de volver en las fiestas patronales, mandaba una postalita por San Antón, y se casó con uno que era medio moro. Con esto se desvinculó de las raíces de sus ancestros y nos acordamos de ella por Navidad porque bebereamos los villancicos que se sabía a la corneta. No hemos vuelto a saber…, si bien en algún desfile la hemos visto delante de la tropa y nos da que pensar que aún está a gusto con lo que hace.
-Pero ¿la cabra siempre tira al monte? dicen…
-Sí, unas veces te tiras al monte, otras te tiras desde el monte, y las hay que se tiran a algún adinerado para salir de su entorno de la forma más rápida posible.
-Vaya, vaya…
- Yo de hecho no me casé de joven, aunque tuve la oportunidad, porque el ejemplo que tuve en casa fue mi frustrante. Mi padre abandonó a mi madre a la buena de Dios después del tercer vástago y se dedicó a vivir la vida por los montes, no sé qué le pasó… sabíamos que era un macho cabrío, y no hay vuelta de hoja. Si las mujeres dicen que todos los hombres son unos cabrones, las esposas de las cabras nacemos con un callo en el corazón para cuando llegue el momento que no nos afecte el paso, circunstancia que ha venido de menos a más desde que entró la democracia, porque antes había mucho más respeto que ahora, adonde vamos a parar. El caso es que sin la presión de mi padre, mi madre que estaba como una cabra, y mis hermanas que se fueron a vivir a una granja ecológica, empecé a pensar que lo mío no podía ser una vida copiada a la de mi madre, ni a la de mi tía, ni a la de mis hermanas, todas ellas mucho más conformistas, pero exentas de libertad. El caso es que un verano, durante las fiestas de Agosto dedicadas a San Rufián en una población que ha quedado desierta a orillas del Río Alberche asistí de noche a una verbena y enloquecí con las luces de colores, el sonido en directo, los bailes de las chicas y ese mundo ambulante que me contaron los músicos y que era el que yo añoraba desde niña.
- ¿Y entonces se fue con ellos?
-No, de aquella aún no me atreví, pero fue cuando descubrieron mi capacidad para subirme a la escalera. El jefe de la orquesta era muy bajito y no era capaz de desenganchar la toma de luz del cuadro en que la había instalado otro más alto, pero que se fue nada más acabar el baile porque madrugaba al día siguiente. Ni corta ni perezosa yo me encaramé a la escalera y sin temor alguno corte los cables de alta tensión del cuadro eléctrico y así pudieron recoger la manguera, momento en que me llevé una ovación de los allí presentes.
-Pues estuvo bien, pero aparte de caerse ¡pudo haberse electrocutado!
-Eso lo pensé más tarde, pero lo hice inconscientemente, sin miedo ni valor, y tampoco estaba pensando en hacer equilibrio en la escalera porque eso lo llevo en las venas.
-Bueno, no se quite mérito… los peldaños de una escalera plegable son muy pequeñitos.
-Y resbalan, pero para eso hay que apoyar bien las pezuñas y tirar para adelante.
-Grande, grande…, y después.
-Después vinieron más bailes y fui cuando me di cuenta que podía ser artista o electricista, pero me decanté por lo primero, lo cual marcó mi vida, mi fama, y después de la fama el que haya vuelto a estas tierras, paradojas de la vida.
-Lo cuenta usted con cierto remordimiento, no se arrepienta, piense que en ese momento lo que quería era salir del campo.
-Efectivamente, la vida te da muchas vueltas. Lo que en mi infancia eran anhelos de grandeza se convirtieron con el ocaso de mi estrella en anhelos de tranquilidad, y eso hace que la vida sea un proceso de continuo cambio y adaptación.
-¿Para cuándo entonces empezó usted a exhibir en las calles de España el número de la cabra?
-Por Marzo
-Ya…, me refiero al año, ¿a qué edad?
-Hombre, no te lo voy a decir porque para algunas cosas aún me considero una artista, y he mentido sobre mi edad real en algunas ocasiones ¡bhe…(risas)!
-No le debió de ser fácil dar los primeros pasos en el mundo del arte urbano…
-Pues la verdad es que no. Cuando hacía entretiempo, por eso me acuerdo de que empecé en Marzo, después de ensayar en un patio, el jefe de la orquesta, que solo tenía actuaciones fines de semana y sobre todo en verano, me sacaba con la escalera, nos poníamos en una calle peatonal, tocaba la trompeta, ponía la funda en el suelo y empezábamos con el espectáculo, fue todo un éxito los primeros años.
-Y estaba bien pagado…
-Hombre, yo al principio pequé de inocencia, no me preocupaba el reparto ganancial: hacía lo que quería, conocía mucha gente y estaba contenta con ir de ciudad en ciudad y visitar algunos monumentos artificiales de piedra, estando tentada de subirme a más de algún campanario.
-Cosa que al final consiguió.
-Pues sí, después de varios años me solicitaban en pueblos como Manganeses de la Lampreana para hacer saltos desde el campanario, mitificándose la historia y el jolgorio popular hasta que los de Greenpeace empezaron a opinar por cuenta propia.
-Algo tengo entendido porque soy de la zona, pero mejor cuente usted al detalle en que se basa esa tradición.
-Pues tiran a una cabra desde el campanario de una Iglesia y si cae de pie es que va a ser año de buenas cosechas. Yo les garantizaba caer de pie, ellos me pagaban por el salto, y después me felicitaban si venía buena la cosecha. Estaba todo un poco amañado, pero había que seguir las tradiciones y a mí me parecía bien, pues desde que el hombre del tiempo acierta cuando va a llover el futuro parece más predeterminado que nunca.
-¿Y qué pasó por Greenpeace?
-Pues que se enteraron que existía Zamora, atracaron el barco en Portugal y se acercaron casi hasta Villalpando para interrumpir la fiesta.
-Hombre, ellos se quejaban de que maltrataban a la cabra.
-¿Deberían prohibir el deporte a los que hacen puenting o escalada por maltrato físico? Pues esto era parecido. De hecho aprobaron una normativa para que saltara sobre colchoneta, luego no podía calcular exactamente donde estaba el suelo y al final me hice un esguince que no hubiera sufrido si hubiera podido calcular de forma visual como amortiguar el salto.
-La verdad es que a la hora de opinar todo el mundo entra al trapo, pero luego no se tiene en cuenta al artista, mucho menos será si la artista es un animal.
-A já! Ser artista o sentirse importante no lo es todo, pero para un colectivo marginal como los animales domesticados es un aliciente añadido al que no te coman, no exigimos seguridad social ni igualdad de precios, menos en tiempos difíciles bastante es salvar el pellejo cuando llegan las fiestas de guardar. Yo tampoco era muy reivindicativa, como decía iba de romería en romería, de alborada en alborada, y era tan joven como entusiasta, trabajaba horas extra, sin seguro, y la mayor parte de las ganancias se las llevaba el representante.
-¿Trabajó con muchas agencias?
-Trabajé con el jefe de la orquesta que te he dicho, Braulio, que era muy buena persona, hasta que se cansó y me vendió a una familia de gitanos que vieron la oportunidad de seguir con el negocio, hasta que también se cansaron de la farándula y el artisteo, momento en que me di cuenta de que me ponía por mi cuenta o la llevaba clarinete. De aquella etapa aprendía a taconear y lo metí en el número de la escalera al llegar al último peldaño, la gente se volvía loca. Luego desde el mundial 82’ con la entrada posterior del IVA y otros gravámenes mis dueños de entonces se montaron un mercadillo y me traspasaron a un tercera regional. De hecho pase una etapa en la que ponía más leche que escaleras pudiera subir al cabo del año, pues acabé en una granja de la Sierra de la Culebra cuando por motivo del esguince me recomendaron reposo forzado durante un tiempo.
-¿Eso fue con Benancio el pastor?
-Sí, ¡lo conoce! ¿qué le ha dicho de mí?
-Fue quién me dijo que podría encontrarse hoy día viviendo en esta comarca.
-Ya…, pero no debería saberlo, dejé de hablarme con él porque era muy rústico, cuando quería.
- Hombre hoy día el boca a boca sigue siendo importante, quizás le habló de que sus planes de futuro eran estos.
-No lo sé, beh…
-En todo caso: ¿A qué se refiere con que Benancio era rústico cuando quería?
-Pues que en un primer momento sí era buen pastor y “ganadero”, un hombre chapado a la antigua, ermitaño, amigo de la vida tradicional y respetuoso con los animales; pero después se modernizó, se hizo mucho más violento, y demostró ser un poco egoísta, un explotador y abandonaba el ganado a sus perros y sus sistemas de cámaras de vigilancia. Allí en la granja las cuatro gallinas que había, los cerdos, los conejos y yo vivíamos sueltos al principio, después en corralitos y al final casi en jaulas individualizadas. Con la modernización pasaron de extraerme la leche de un sistema manual a uno mecánico que me dejaba los pezones completamente irritados, pero yo estaba allí para contribuir a la causa del queso, la mantequilla y poco más.
-Fue allí cuando mantuvo su pequeño romance con un cerdito extremeño.
-¡No fue ningún romance! Las revistas del corazón siempre lo exageraron. Fue un compañero que era muy simpático, pero que en el fondo vivíamos en mundos completamente distintos. Hablábamos mucho, pero teníamos distinto punto de vista sobre el calentamiento global: él decía oink y yo beh, y nunca nos poníamos de acuerdo. Sí era un macho fornido, pero muy cabezón, y nunca quise imaginarme nada en serio porque yo no iba a quedarme allí mucho tiempo y porque en esto de las especies animales algunos somos carne de cañón, otros de chilindrón y a él lo cebaban más de la cuenta para que llegara a Noviembre y diera la talla y el peso necesario.
-Debe ser algo horrendo vivir con otros animales que sabes que los van a sacrificar.
-A todo se hace una, la pregunta es si ustedes al ver el hambre que hay en el mundo, las muertes diarias que supone la desnutrición infantil, como pueden vivir pensando que pertenecen a la misma especie, al menos yo era consciente de ser cabra, no cerdo ni oveja ni conejo. De tal manera los animales domesticados hemos crecido muchas veces con el síndrome de Estocolmo, nos gustan los hombres, los respetamos y tememos, pero también nos identificamos con otros animales: los carnívoros no nos caen bien ni nos dan de comer, y los que se comen ustedes ¡mala suerte!, pensamos, creyendo que el tercer mundo no nos puede tocar a nosotras.
-Todo esto es dramático e insensible a la vez.
-Mira, por la segunda parte de lo que tú mismo has dicho te pones la coraza, por la otra habrás oído “cuando veas las barbas de tu vecino mojar pon las tuyas a remojar”… eso lo decía mi bisabuela y tenía tanta barba de chivo como cualquiera. Yo me aplico el refrán muchas veces vea o no lo que le hagan al vecino, porque la barba hay que lavársela. Eso sí no me depilo ni harta de vino, eso para las modernas ¡beh… ¡
-Ya veo, ya… (le dije observando cierto verdín en el hocico) , pero nos estamos desviando un poco del tema del espectáculo. ¿Cómo volvió a los ruedos?... ¿o escenario de calle, como usted prefiera?
-Básicamente lo que me pasó esa etapa es que me di cuenta de lo pardilla que había sido al no registrar el número escénico, de que había muchas otras cabras imitándome y que algunas con el mismo espectáculo tenían más sobrenombre que yo. Me sentía satisfecha a nivel personal pues consideraba que había hecho historia, e incluso al ver a Pepe Binhuela por la tele me di cuenta que mi influencia no era solo a niveles de animales domésticos, sino que trascendía razas y especies. Sin embargo, yo no trascendí a la televisión porque me parecía que el contexto de la escalera era un tipo de arte urbano, ¿cómo representar en falso en un plató que la gente pasa por una calle, que se para, mira y aplaude? Esto es teatralizar el género puro. De tal manera más de un cabrito quiso apuntarse en alguna entrevista televisiva ser el inventor del género, cuando lo que eran es, de ser algo, la detracción del género puro y genuino del arte de la escalera ligado a la cabra en equilibrio, y sincronizada al paso de subir escaleras con la música en directo. ¡En la tele todo iba en playback! Un producto descontextualizado que sin embargo estuvo a punto de ir a Eurovisión, sin contar para nada conmigo. Me alegro de que no se hiciese porque hay muchas formas de hacer escalas, de hacer la cabra y también de hacer el ridículo, pienso que en todo esto de los medios de comunicación se nos han ido las cosas de las patas, todo es mucho más artificial, prima el guión sobre la improvisación y se confunden las copias con los originales, lo peor del postmodernismo. Sin embargo es muy propio de estilos que llaman dadaístas el hecho de la descontextualización, llevar al museo lo que no le pertenece y pretender que los graffiteros pinten los frontones por la parte de la pared que no es verde… son ansias cruzados. Cada cosa en su lugar, así lo aprendí yo y así me lo inculcaron. Las cosas evolucionan a un ritmo y no hay que ser revolucionario si aún hay huecos para la innovación. Yo puse de moda subirme a la escalera al compás de la música e introduje variantes con el tipo de escalera, grabando incluso un video clip con las escaleras mecánicas de un hipermercado que no se hizo viral porque estaba en sistema 2000 y todo el mundo alquilaba las películas en VHS.
-Pero ya había gente que se subía a las escaleras antes de que usted hubiera nacido, no me querrá usted decir que usted inventó el número de la escalera, inventaría el de la cabra.
-En realidad yo no me considero inventora específica de nada, pero lo que sí creamos una generación de cabras, yo incluida, fue el concepto artístico que supone subirse a una escalera, pues hasta entonces subir peldaños no era analogía de espectáculo alguno. Cuando esto pasó ya existía el circo, y muchas focas fueron a los casting de cabras para demostrar de lo que eran capaces, pero el número auténtico hispánico es el de la cabra, porque en España ni en sus litorales hay focas.
-Cuando decía usted que se había apartado de los focos, entonces a qué se refería ¿a los machos de… o a los focos del espectáculo?
-He dicho eso, pues no me acuerdo. Ahora sí te garantizo que estaba un poco hasta el gorro de todo: que hubiera focas de circo dentro del Street-art, que no se me reconociera en la debida esencia el invento conceptual de subir escaleras con o sin música, o que a medida que surgía la competencia las imitaciones iban de mal en peor: música pregrabada, sillas por escaleras o mascotas tradicionales con cuernos postizos haciendo el mismo numerito. A todo lo que contribuyó toda esta competencia desleal es a la rebaja salarial y a que se devaluara el espectáculo. Si cambiamos la historia y quitamos la música del evento, porque es un fraude o porque no se acompaña bien, los límites entre arte y realidad se desvanecen. Digo esto porque subir un perro a una silla sin música es pasar del triple mortal al simple venial, y porque si consideramos que esto es arte todo anciano/a que se sienta al sol sobre la piedra que tiene al lado de su casa estaría un ejercicio de malabarismo, cuando es al contrario: lo que trata es de evitar no caerse por estar de pie. Le doy más ejemplos:
-¡Si los tiene!
-Una vez asistí a la presentación de un número al que le habían quitado la música, música que implicaba escoger entre una grabación o un profesional más al que pagar por sus servicios. El caso es que no está claro si la música desaparece para ahorrarse un jornal o porque la SGAE empieza a intentar cobrar derechos de autor de forma desproporcionada. Al final, algunos consideraron la escena de la escalera más un número de equilibrio que un audiovisual en vivo y lo que había de danza se convirtió en gimnasia, de pura austeridad. ¿Usted ha visto las olimpiadas? Si hasta las de gimnasia rítmica (artística) necesitan música: ¡ritmo! ¡sincronización! que sin ella sería imposible juzgar igual las habilidades y medir el tiempo. Teniendo en cuenta de que danza sin música pudiera ser gimnasia, pero que incluso el deporte puro se decora de la música para poder puntuar sus pasos, entenderá como se denigra el género de la escalera cuando no se cumplen unos mínimos. Yo tuve la suerte de hacerlo siempre de forma instintiva, a juicio de mis ideas y de mis hormonas, pudiendo liberarme de la presión de ciertos manuales que no eran reales con el arte, ni demasiado analíticos, ni apropiadamente sintéticos.
-Le doy toda la razón. Pero creo que la gimnasia rítmica y la artística son una misma cosa.
-Sí, es cierto. Bueno, lo borras o te lo repito de otra manera: precisamente una cosa es la gimnasia artística o rítmica y otra la gimnasia pura, basada más en el ejercicio puro y el músculo que en la sincronía. Sin desmerecer, pues yo también me considero una atleta, pero una atleta con ritmo, capaz de competir en varias disciplinas. Lo propio es que sin música se le exija más a un ejercicio gimnástico puro, pero en las desviaciones del arte de la escalera sucedió lo contrario: ni más alto, ni más rápido, ni más fuerte. Tan pronto se dieron cuenta de que un animal exótico llamaba la atención dentro de la urbe empezaron a basar los numeritos en la excentricidad de la fauna y lo artístico se convirtió en un pretexto. He visto pingüinos encaramados a una silla en pleno Agosto sudando como si trabajaran de verdad y otras estrellas consumirse en el intento, sudamericanas, africanas, esteparias incluso, sometidas a un ejercicio carnavalesco que no era apropiado para ellos. Son recuerdos tristes que se perderán como lágrimas en la lluvia,… víctimas de una confusión estética de derivar un espectáculo muy concreto en la vía del exotismo de escalera. Eso me hizo reflexionar sobre mis comienzos, pues yo tampoco era muy consciente de lo que suponía ser cabra en el mundo industrializado. El caso es que yo asistí casi como mera espectadora a la ramificación del género, donde no faltaban las imitaciones a la familia de gitanos que me amenizaba por bulerías, pero por parte de gente que era de otra raza, pero imitaba los atuendos y las palmas para llamar más la atención en un intento de reconducir el estilo a la fórmula costumbrista más reconocible.
- No lo dudo. Claro que podría haber casos no de mala fe, simplemente imitadores que se creyeran preparados o quisieran seguir sus pasos y que, al quedarse a la mitad también inventaran otras disciplinas.
-Puede ser, bheee. Es que algunos se creían que subirse a la escalera se aprendía en las academias. De tal manera yo tuve la suerte de nacer en la mejor escuela del mundo, que es en mitad de la sierra.
-Pero entonces ¿el genio nace o se hace?
-Pensé que me ibas a preguntar ¿si eres de donde naces o donde paces…?
-Bueno, pues te cambio la pregunta ¿Uno es de donde nace o de dónde pace?
-Esperaba que me hicieras esa pregunta…. (Se tomó un tiempo, mascó yerbas y prosiguió)… Yo que soy cabra, animal, ser vivo, he debido nacer alguna vez, pero no me acuerdo bien, mis recuerdos se remontan a mi infancia, Gredos… ya te lo he explicado. Luego pasto, luego me voy por los pazos y no puedo vivir sin el aire que respiro ni la hierba que digiero. Quizás la pregunta es una pregunta trampa porque el ser y el estar son verbos que significan cosas distintas: estar es la movilidad de ser, y la identidad del ser depende de la conformidad de su estar y su pensamiento, a veces ahogado en principios, a veces abogado de contradicciones, y otras bañado en ilusiones al edificar la realidad del entorno sobre un supuesto de logros vitales que existan o no uno se cree tener de la mano.
-¡Qué profundo! ¿Es tuyo?
- No, es un poco de Nietzsche, un poco de Heidegger, pero las palabras son mías. Tuve incluso una amistad con un eremita que decía que lo importante del individuo no es el bienestar sino el bienser, pero se lo aplicó solo a su vida teórica. San Juan de la Cruz es la fuente en muchos casos de muchas verdades sin retórica que se manifiestan en forma de sentencias universales, pero para estar a un nivel espiritual receptivo del dictado del corazón hay que renunciar a muchas cosas materiales, y hay un tipo del “bienestar” social que hoy nos venden que se basa más en la materia que en las relaciones personales, sin ir más allá.
-¿Entonces además te gusta la filosofía?
-No, lo que me gusta es subir a lo más alto. Cuando las patas me dejan me subo a un teso, una colina o lo haría sobre la parte más inclinada del Everest, cuando las patas no pueden subir más arriba me dedicó a elevar el pensamiento, y con la cabeza sí, llego a las nubes. Un ejercicio de meditación profundo que suelo practicar es dejar la mente en blanco, punto culmen; pero quien te observa se cree que te has empanao.
-Entonces, ¿se te ha ido la cabeza alguna vez?
-Sí, pertenezco a una estirpe que se le cruza el cable con profusión,…
-De ahí el dicho ¿estás como una cabra? (Disculpe).
-No, por razones filosóficas no creo que sea, pienso que es más bien un prejuicio animalístico.
-Sí, así lo veo yo. Pero ahora hay muchas asociaciones ecológicas que defienden a los animales, los cuidan, tratan de que no sean explotados e incluso son vegetarianos.
-Me parece muy bien casi todo lo que has dicho menos lo último, pues que coman hierba los pone como contrincantes dentro de la cadena alimentaria, estaría mejor que comieran a nuestros depredadores, los buitres por ejemplo. Si subes te topas con los buitres, si bajas a beber al río con los lobos, y si no subes ni bajas te encuentras a todos merodeando, pues no hay fronteras en la naturaleza para marginar a un lugar propio a las especies. De paso, hoy me decidí por venir a beber agua a esta fuente porque le tengo menos miedo a los coches y a la gente que va de paso que a otros merodeadores.
-Pues ha sido una suerte encontrarme con usted.
-Beh [no hay de qué].
-¿Y qué piensa de los que fuman hierba?
-Bueno, he tenido de cerca muchos casos distintos, gente que la fuma y gente que se la come, gente que la rumia incluso, y gente que se la fuma después de haberla tenido en el estómago o recto durante horas, ya sabe, para pasar los controles del aeropuerto.
-Sí, yo también conozco un poco de cada caso, pero no me ha contestado a lo que opina sobre las drogas.
-Es que esa es una pregunta parecida, pero no es la misma, antes me preguntabas por los que fumaban, y de la gente que conozco y fumo hay muy distintas personalidades a las que les afecta las drogas de distinta forma. La hierba como dices tú hay a quien le da la risa, a quien le da cagalera y a quien le produce calenturas en la boca, pero que no le afecta al coco, o se acaba concentrando más que desvariando. Por otra parte, creo de que toda esta gente que se hace adicta a una sustancia muchos lo último que harían sería robar para conseguir seguir comprando, pero luego los hay que te sorprenden y reaccionan con el mono de la forma más incívica. Creo que cada uno se ha de poner unos límites, que las drogas en sí pueden ser malas, muy malas o simplemente paliativas, pero que es la relación desmedida con las mismas las que las convierte en peligrosas. Cuando yo voy por el bosque o por el monte y me doy un colocón de romero tampoco pienso que me estoy drogando, de tal manera que hay sustancias permitidas y otras que no lo son, y que la gente joven es tan sumamente instintiva hacia la irreverencia que si la dejas consumir lo que quiera o se pone hasta las trancas o no hace caso ninguno de lo que le ofreces. Yo lo he visto en casa con mis cabritillos cuando les hago una ensalada, si es escarola quieren lechuga y si es lechuga quieren ensalada, pero si la haces te piden siempre de lo que no hay ¡zanahorias! No comparo la comienda con el fumique, pero veo que esta tontería de poder elegir es el principio de muchos males modernos, ante las drogas no debería opción a poder elegir ninguna si se demuestra que son malas, adictivas o destruyen el cerebro. Las buenas deberían prescritas por receta médica.
-Se refiere usted a las medicinas, drugs en inglés, o a la legalización de la marihuana para uso paliativo del dolor.
-Me refería en general, pero ahora que abres vías te diré que es cierto que ya hay “drogas” estandarizadas que se llaman medicamentos y que vienen subvencionadas, cuestan muy poco en la tienda, pero las paga el Estado, el estado somos todos, así que si te cuestan cien pesetas ya han puesto algunos duros más antes de ir a la tienda, y si no te pones malo estás pagando por lo que no consumes. De la legalización de la marihuana ya se ha dado algún paso hacia adelante en España y en otros países ya es una realidad. Conozco la marihuana, pero no la he fumado, la he llegado a digerir y repite más que el perejil, por lo que soy más de gusto clásico. No estaría de mal que algunos negocios clandestinos pasaran por el filtro de la fiscalización de estado, pues hoy día paga impuestos hasta el que toca en la calle, de tal forma seríamos todos más iguales. Lo que no iba a evitar la legalización es un mal uso de la prescripción médica o un abuso de la misma, pues pasa como quien se tira toda la tarde quitándose los chinches.
-¿Cómo es eso?
-Pues que te juntas con otra cabra y te ayudas a desparasitar, tú le quitas los piojos a ella, ella te los quita a ti y es como comer pipas, no puedes dejar de parar. A veces ya has acabado con los puntos negros y sigues hurgando, pues has cogido el vicio, se te agarrota la mandíbula y como no hay nada mejor que hacer comes pulgas que no hay.
-Bueno sí, no es una metáfora para todos los públicos, pero creo que se entiende.
-Beh
-Usted que es ejemplo para muchas generaciones de artistas que puedan leer esta entrevista, les gustaría dar algún consejo para la vida, sobretodo en el terreno artístico… para la gente que empieza.
-Bueno, pero lo voy a decir en cabralés, que es el dialecto de la zona: “Beh, beh, béeh”
-¿Beh, beh, béeh? ¿Y eso que significa?
-Pues es que son tres palabras que significan mil párrafos cada una, pero bueno, intentaré resumirlo a lo siguiente: si quieres ir ve, si tienes que ir ve y si debes ir no vayas, a no ser que tengas que ir y quieras….
-Ok
-Es mi visión artística de la vida, mi tía la legionaria hubiera dicho Beh, “vete que es tu deber” y punto, pero nunca leyó a Nietzsche, quizás por eso nunca paso de cabo, aunque pasara por la Cabo de Gata más de una vez.
-En esa autoafirmación… ¡no sé! ¿Se arrepiente entonces de no haber ido al ejército o es que hubiera preferido tener una vida más tranquila siempre, ahora que ya ha vuelto a Gredos?
-Hombre, la tranquilidad que quiero ahora… entonces no la quería, de forma que es muy fácil vivir en la contradicción del ser al financiarnos en las distintas etapas de la vida los límites de planes que proyectamos a cinco o diez años vista. Si usted invierte en una hipoteca porque piensa que necesita casa y después está hasta el moño de pagarla y considera que no había sido necesario comprar un piso para ir tirando, se está machacando el cerebro y va a vivir con arrepentimientos de cosas que hizo bien y de cosas que hizo mal, el caso es tirar siempre para adelante.
-¿¡Y! … ¿subirse a lo más alto?
-Pues sí, aunque sea a lo más alto de una escalera o de un andamio, pero lo importante no es subir, sino mantenerse arriba, y de bajar que sea siempre más despacito de cómo se subió, a paso constante, marchas cortas, y sin tirar de freno.
-Bueno, pues se está levantando frío, creo que con esto será suficiente.
Le di a la pausa y nos despedimos. Me pidió por favor que si había dicho alguna incongruencia que la arreglara con el Photoshop, pobrecita, a no ser que se refiriera al editor de audio, el cual permite montar también conversaciones que nunca existieron. Yo lo único que les puedo asegurar es la veracidad de los hechos, pues el disco se rayó y solo pude transcribir 2/3 partes de la entrevista. Por el trabajo me dieron un notable, que era la nota que ponían cuando el trabajo era lo suficientemente largo y no se lo leían salvo para corregir alguna falta de ortografía. Con el tiempo leí en una revista científica una entrevista parecida a la mía, no sé si de otro etnomusicoloco o derivada de la mía propia, y es que en las altas esferas hay mucho buitre, como decía la cabra.

Ávila, 10 de Marzo de 2003

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